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SEXUALIDAD A LO LARGO DE LA VIDA (“NUESTRA COMPAÑERA VITAL”)

Imagen cortesía de Ambro / FreeDiditalPhotos.net 
Por: Ester Álvarez Guillén

La sexualidad es importante en la vida del ser humano, ya que “nos acompaña siempre a lo largo del camino y nos reporta bienestar y satisfacción” (o al menos así debería ser). Pero no se vive del mismo modo a unas edades que a otras: desde que nacemos hasta que morimos, nuestro cuerpo y nuestra mente evolucionan, aunque no suelen hacerlo al mismo ritmo, lo que puede afectar a nuestra sexualidad entre otros ámbitos.

A pesar de lo que mucha gente pueda pensar, la mayoría de los expertos afirman que “nuestra capacidad para experimentar placer erótico se inicia con el nacimiento y no tiene por qué desaparecer hasta la muerte”. No obstante, es cierto que la edad puede intervenir de alguna manera en diversos aspectos físicos y psicológicos de la sexualidad. De tal modo que mientras los cambios biológicos vinculados a la edad son más universales, las respuestas de los individuos a estos cambios difieren enormemente. Además, a diferencia del resto de las funciones humanas, la edad influye sobre los hombres y las mujeres de manera distinta.

Los estudios de Masters y Johnson confirman que los varones experimentan el máximo de respuesta y capacidad sexual alrededor de los 17 ó 18 años y que a partir de entonces muestran una disminución constante. En cambio, las mujeres alcanzan su máximo entre los 30 y los 40, y a partir de ahí su libido disminuye a un ritmo relativamente más lento que en los hombres.


Veamos, pues, los cambios referidos a la sexualidad que se producen en ellas y ellos durante las principales etapas de la vida:

-         Infancia

Todo ser humano, desde el momento de su concepción, está marcado por su sexualidad. Los niños y las niñas nacen con un sexo biológico condicionado por la herencia genética y la presencia o no, respectivamente, de hormonas masculinas. Por otro lado, la identidad sexual que se adquiere durante los primeros años de vida y determina la conciencia de pertenecer a un sexo u otro, va a estar influenciada por estímulos biológicos y psicosociales.

La mayoría de los autores reconocen la sexualidad del bebé, aunque se trate básicamente de actos reflejos. Desde su nacimiento, el bebé se lleva todo lo que encuentra a la boca, su afán por descubrir y conocer su cuerpo le llevará a tocar sus genitales, y seguirá haciéndolo por el placer que ello le proporciona. “La masturbación infantil es una fase normal del desarrollo, así como los juegos sexuales entre niños y/o niñas, y las actitudes de los padres al respecto pueden ser determinantes para la sexualidad posterior”. Además la relación del bebé con sus padres y el cariño que perciba de ellos, constituirán su riqueza afectiva y la referencia de posteriores vivencias íntimas.

-         Pubertad

En los chicos se inicia aproximadamente entre los 12 y los 14 años y con respecto a la sexualidad conlleva la adquisición de los llamados caracteres sexuales secundarios: aparición de vello en el pubis, y aumento del volumen del pene así como de los testículos (que empiezan a producir espermatozoides y testosterona) y del escroto. Además estos cambios van acompañados de sensaciones sexuales nuevas: hay un gran incremento de la libido, mayor número de erecciones involuntarias, así como eyaculaciones espontáneas durante el sueño (poluciones nocturnas).

Por su parte, las chicas llegan a la pubertad hacia los 12 años (o incluso antes) y tienen un referente biológico concreto: la menstruación. También adquieren una serie de caracteres sexuales secundarios: mayor desarrollo de los genitales internos y externos, aparición del vello del pubis y crecimiento de los senos. Las adolescentes suelen tener un despertar sexual más lento que los varones, parece que no se masturban con tanta frecuencia como ellos y su necesidad de orgasmo es menos intensa. En cuanto a las primeras relaciones sexuales, suelen ser menos placenteras para ellas, que además no suelen llegar al orgasmo.

-         Edad adulta

Mientras alrededor de los 20 el impulso sexual en los hombres es muy intenso y la frecuencia del orgasmo alcanza su máximo, a partir de los 30 años el deseo sexual va disminuyendo. Durante este período continúan alcanzando la erección con rapidez y la pérdida de ésta después del orgasmo aún es lenta, sin embargo el tiempo necesario para conseguir una nueva erección después de haber eyaculado se va haciendo más largo. Después de los 40, “la erótica del hombre se hace más parecida a la de las mujeres, ya que deja de estar tan focalizada genitalmente y las sensaciones placenteras empiezan a ser más difusas y generalizadas”. Además, el orgasmo ya no es tan importante como antes en la experiencia sexual. A partir de los 50 se requiere una estimulación más larga e intensa para alcanzar la erección.

Por su parte, la mujer en esta etapa evoluciona a un ritmo más lento y, como hemos dicho antes, no llega al máximo de excitabilidad sexual hasta los 30 ó 40 años. Es entonces cuando la lubricación vaginal se produce más rápidamente y algunas mujeres son capaces de experimentar múltiples orgasmos. Más adelante y con la llegada de la menopausia, el funcionamiento sexual es muy variable de unas mujeres a otras: algunas sienten un aumento del deseo sexual, mientras que en otras disminuye.

-         Vejez

Dentro de los cambios anatómicos y funcionales que influyen en la sexualidad de la mujer mayor (como consecuencia de una disminución de estrógenos) se encuentran: una atrofia generalizada del aparato genital con menor sensibilidad del mismo (la práctica sexual habitual hace que esto ocurra mucho más despacio), enlentecimiento de la fase de excitación sexual con menor y más lenta lubricación vaginal (por lo que hay mayor dificultad en la penetración si no se espera el tiempo suficiente o se usa algún lubricante), la vagina se acorta y pierde elasticidad, y hay una disminución en frecuencia e intensidad de las contracciones orgásmicas.

En cuanto a los cambios que se producen en el hombre senil están: menor tamaño testicular, menor sensibilidad del pene, se tarda más en conseguir la erección que además es menos robusta y se requiere mayor estimulación, menor necesidad física de eyacular alargándose el momento, menor volumen de esperma eyaculado, menor número e intensidad de las contracciones orgásmicas y alargamiento del período refractario.

Sin embargo, tanto en la mujer como en el hombre, “estos cambios fisiológicos no necesariamente conllevan una pérdida significativa de la actividad sexual” (ya que la mayoría tienen soluciones relativamente sencillas o se compensan con otros cambios positivos). En cambio, son los factores psicosociales los que más repercuten negativamente en la sexualidad de la tercera edad, debido a las creencias erróneas que estas personas tienen (y el resto de la gente), como por ejemplo: que los viejos no tienen interés ni capacidad sexual, y menos aún  las mujeres mayores, que la actividad sexual es perjudicial en la vejez, que la masturbación desaparece en la vida adulta, que la satisfacción sexual decrece con los años...

Pero, como hemos dicho, durante este período también existen ventajas que pueden favorecer la satisfacción sexual: mayor sincronía en el orgasmo del hombre y la mujer, enriquecimiento de las relaciones sexuales tanto por una menor importancia del coito para ambos como por un mayor interés por el contacto corporal global y el afecto, ausencia de miedo al embarazo, mayor tranquilidad y tiempo para las relaciones sexuales...

Por tanto, “el mantenimiento de una sexualidad activa y satisfactoria a lo largo de la vida, va a depender, no tanto de factores biológicos, sino del conocimiento y aceptación de los cambios y la adecuada adaptación a los mismos, así como del aprendizaje y preparación de cada cual y de su actitud para vivir una sexualidad plena”.

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