Fantasías sexuales ocultas
Publicado el 09/02/08. Escrito por Ester Álvarez
“Había una vez una chica que empezaba a sentir su despertar sexual. De modo que en ocasiones cerraba los ojos e imaginaba: soñaba despierta con situaciones excitantes, se ruborizaba fantaseando con alguien que la tocaba, besaba y acariciaba,... pero sobre todo había una fantasía que rondaba su cabeza a menudo. En esta fantasía un hombre (moderadamente atractivo) la violaba: la cogía de improviso, forcejeaba con ella que intentaba resistirse aún deseándolo con todo su ser, pero él la sujetaba fuertemente mientras la penetraba y ella se estremecía de placer.Sin embargo, mientras esto pasaba por su cabeza nunca se dejaba llevar, nunca llegó a masturbarse, sus sentimientos eran contradictorios. A la vez que se excitaba imaginando, una voz en su interior le decía que aquello estaba mal, que no debía imaginar esas cosas, que una violación no era nada deseable sino algo horrible y que por imaginarlo le iba a ocurrir. Todo eso la hacía sentirse mal así que intentaba no pensar en ello, intentaba eliminar aquella fantasía de su cabeza en lugar de disfrutar de ella.
Nadie le había explicado que las fantasías sexuales son completamente normales, que muchas mujeres fantasean cosas parecidas, que excitarse con fantasías no es nada malo y que no por ello tienen que hacerse realidad.
Por ello lo mantuvo siempre oculto, y con el tiempo aquellas fantasías desaparecieron. En su lucha interior venció el miedo, la incomprensión, la ignorancia, el temor... en cambio el placer quedó en el olvido.
Pasaron los años y un día recordó su fantasía sexual oculta. Para entonces ya sabía que las fantasías sexuales no son malas (¡todo lo contrario!), y que muchas mujeres fantasean con ser forzadas como ella hacía.
Pero el tiempo no había pasado en vano, todos esos años reprimiendo sus fantasías le habían pasado factura: ya no podía fantasear tan fácilmente como antes, su mente había perdido la práctica y le costaba imaginar. Su fantasía en lugar de desarrollarse e ir a más se había quedado estancada.
Ahora por más que lo intentaba ya no podía soñar de nuevo con aquella fantasía que tanto la excitaba... ¿sería demasiado tarde? quizá no..., tendría que seguir intentándolo.”
Esta historia real sirve como ejemplo de algo que ocurre a menudo: la falta de información sexual limita a las personas, las hace sentirse mal porque piensan que hay cosas que sólo les suceden a ellas (cuando no es así), y que además están mal (cuando no tiene por qué).
Por un lado aquello que aprendemos equivocadamente por culpa de los falsos mitos, las religiones opresivas, los medios de comunicación engañosos, etc; y por otro aquello que nadie nos enseña, que se nos oculta y que por tanto desconocemos (creando con ello temores en nuestro interior): todo esto limita nuestra sexualidad, perjudica nuestra libertad sexual y nos resta posibilidades de placer.
Podríamos decir que las fantasías sexuales son pensamientos o productos de la imaginación (sean del tipo que sean), con significado sexual para la persona que las crea, pudiendo estar presentes durante la masturbación y/o al tener relaciones sexuales con otra persona.
Lo que las hace tan utilizadas y a la vez tan útiles (por y para la mayoría de la gente) es su enorme elasticidad en cuanto a tipos de fantasías, funciones y contenidos de éstas. La variedad es tan grande como personas existen y todas son igualmente respetables.
Así las fantasías sexuales pueden variar desde escenas completamente inventadas hasta experiencias pasadas que simplemente se recuerdan; pueden ser más complejas (con argumentos muy elaborados) o más sencillas (simples imágenes mentales); algunas pueden desearse hacer realidad y otras no; ser más realistas o más extrañas y extravagantes; espontáneas o intencionadas...
Por otro lado, las fantasías sexuales pueden servir como entrenamiento,sobre todo para los jóvenes, que de esta forma pueden imaginar y practicar cómo actuarán cuando se hallen en diferentes situaciones de encuentro sexual. A algunos les ayudan a concentrarse en algo, mientras se masturban o mantienen relaciones con otras personas, y así evitar distracciones que les hagan perder excitación. También pueden hacer sentirse más seguro y aumentar la confianza en uno mismo, ya que son privadas y ficticias lo que da mayor libertad de actuación. Pero, sobre todo, son una forma de salir de la rutina y aumentar la excitación proporcionando mayor placer. Ciertamente muchas parejas, que llevan mucho tiempo juntas y han perdido la pasión de los primeros encuentros sexuales, acuden a las fantasías (ya sea de forma individual o compartiéndolas) para salir de la monotonía y avivar el fuego en la cama. Más allá de lo que piensan algunas personas, esto no tiene por qué ser perjudicial para la pareja, más bien al contrario, supone un aliciente en la relación, un juego más con el que divertirse.
Aunque se piense que los hombres fantasean mucho más que las mujeres, las fantasías sexuales en ellas son también habituales. Además no hay tantas diferencias entre ambos respecto al tipo de fantasías que elaboran. Según los resultados de algunos estudios quizá las mujeres se exciten más adentrándose en los argumentos (las palabras e historias) de tal modo que las fantasías femeninas suelen ser más “situacionales”, mientras que los hombres se centran más en aspectos visuales y de acción.
Del mismo modo, respecto al contenido de las fantasías, las mujeres y los hombres no se diferencian mucho, siendo la mayoría de éstas parecidas aunque más típicas en uno u otro sexo. Algunos estudios confirman que las mujeres también fantasean con sexo explícito y pornográfico, no sólo con historias románticas (como ellos piensan).
Fantasías sexuales típicas de las mujeres son: sexo con su pareja, tener sexo loco con un desconocido o un actor/famoso, revivir experiencias pasadas, que les hagan sexo oral, hacer el amor en plan romántico con un príncipe azul, ser violadas, dominar (en menor medida que los hombres), mirar a personas que practican sexo y ser vistas por otros mientras tienen relaciones sexuales, ser una prostituta, estar con otra mujer en la cama (lo que no implica ser lesbiana en absoluto)... y un larguísimo etc.
Fantasías sexuales típicas de los hombres son: también sexo con su pareja, estar en la cama con dos o más mujeres que además se lían entre ellas, que les hagan una felación, dominar sobre todo y (menos que las mujeres) ser dominados, ver a otras personas y ser vistos mientras practican sexo, ver a su pareja con otro hombre, en menor medida que las mujeres también mantener relaciones homosexuales (lo que tampoco significa, por más que se piense así, ser gay)... y otro larguísimo etc.
Respecto a las fantasías sexuales en la pareja, ya hemos comentado que pueden mejorar las relaciones sexuales. Sin embargo, tener fantasías no tiene nada que ver con estar satisfecho o no sexualmente.
Hay personas que gustan de usar las fantasías únicamente en privado y otras que disfrutan compartiéndolas con su pareja. Contarlas o no depende de cada pareja, sobre todo de la comunicación que haya entre ellos y los valores de cada uno. En algunos casos es mejor ser prudente antes de hablar de nuestras fantasías sexuales con la otra persona puesto que ésta puede sentirse mal si es demasiado sensible, excesivamente celosa, tiene baja autoestima o ideas negativas y equivocadas sobre las fantasías.
De todos modos, tampoco es necesario contar las fantasías sexuales, no hay que sentirse obligado a hablar de ellas con la pareja ni compartirlas cuando las tengamos, pues forman parte de nuestra parcela propia de intimidad.
Un aspecto también importante para ambos es tener claro que las fantasías no tienen por qué hacerse realidad. Si ambos lo desean y están de acuerdo con hacerlo no hay problema, pero la mayoría de las veces las fantasías de cada uno son muy particulares y no necesariamente tienen que gustar a los demás. A veces incluso pueden encantarnos como fantasías pero horrorizarnos la idea de hacerlas realidad. Por tanto, es importante desarrollar la fantasía como lo que es (pura imaginación), no como deseos a realizar, ya que esto puede hacer que algunas personas se sientan culpables por tenerlas. Si esto ocurre, y la persona se siente mal con sus fantasías lo mejor es acudir a un terapeuta que le ayude a asumirlas como simples fantasías. Cualquier fantasía, aunque sea amoral, no es peligrosa ni hace daño a nadie mientras sólo sea una fantasía, así que no debe juzgarse a nadie acerca de sus fantasías sexuales por muy extrañas o repugnantes que nos parezcan: únicamente de ese modo estaremos siendo realmente tolerantes y libres.
Finalmente, para que podamos hacernos una idea de la importancia que tiene la fantasía, baste con decir que en terapia sexual la estimulación de fantasías sexuales para aumentar la excitación suele ser muy útil en la resolución de determinados problemas sexuales. También la capacidad de la fantasía para facilitar el orgasmo la convierte en un excelente recurso terapéutico.
Al fin y al cabo, sólo cuando soñamos despiertos y fantaseamos tenemos plena libertad, ¿por qué no aprovechar esto para maximizar nuestro placer hasta el éxtasis?. La fantasía es un arte con un poder inigualable, ¡cultivémosla!.
